jueves, 27 de agosto de 2015

¿Franco y Mas, junts pel sí? ¡Catalanes, elegid a vuestra madre!






















Corría el año 1947 cuando Franco convocó a los españoles a un «referéndum» sobre la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado que establecía que el sucesor sería propuesto por él mismo.

El general Franco sostenía que un 'demócrata' no era un buen español porque, según el folleto propagandístico incluido en la imagen anterior, no votar «Sí» era votar 'contra España'








El próximo 27 de septiembre los catalanes están convocados por el presidente de la Generalidad de Cataluña a unas elecciones autonómicas que los independentistas plantean como plebiscitarias. 

El propio Mas forma parte como nº 4 de la candidatura 'Junts pel Sí' que, según ellos mismos señalan, es la candidatura de la sociedad civil, con el apoyo de Convergència Democràtica de Catalunya y Esquerra Republicana, para ganar las elecciones plebiscitarias del 27-S y así construir un nuevo país que mejore la vida de las personas.

El Molt Honorable President Mas sostiene que quien no vote a 'Junts pel Sí' no es un buen catalán porque, según estas declaraciones, no votar «Sí» será votar 'contra Cataluña' 







Y es que, en el fondo, un catalán no nacionalista, según Mas no es catalán. Carme Forcadell, la nº 2 de 'Junts pel Sí', es de la misma opinión, tal y como se puede comprobar en el imprescindible vídeo anterior editado por Dolça Catalunya.








Evidentemente, esas posiciones de Forcadell y de Mas, tan intolerantes como ilegales, están respaldadas por Raúl Romeva, el nº 1 de 'Junts pel Sí', quien anteayer confirmó en entrevista concedida a la agencia EFE que en una Cataluña independiente los catalanes que quisieran mantener la nacionalidad española serían extranjeros. Y el resto de españoles 'a més a més'. En palabras de Romeva:

"Uno podrá seguir siendo español viviendo en Barcelona, e incluso seguidor de la Roja, si quiere, como hoy tenemos mucha gente que es francesa, británica u holandesa, que vive en Barcelona y sigue manteniendo su nacionalidad de su estado de origen."








Albert Camus nació el año 1913 en Argelia en el seno de una familia de colonos franceses (pieds-noirs) dedicados al cultivo del anacardo. Su madre, nacida en Argelia y de familia originaria de Menorca, era analfabeta y casi totalmente sorda. Su padre trabajaba en una finca vitivinícola para un comerciante de vinos y era de origen alsaciano como otros muchos pieds-noirs que habían huido tras la anexión de Alsacia por Alemania tras la Guerra Franco-Prusiana. Movilizado durante la Primera Guerra Mundial, es herido en combate durante la Batalla del Marne y fallece en 1914, hecho que propicia el traslado de la familia a Argel a casa de su abuela materna. De su progenitor, Camus sólo conserva una fotografía y una significativa anécdota: su señalada repugnancia ante el espectáculo de una ejecución capital.

En 1956, cuando los combatientes del Frente de Liberación Nacional, el movimiento independentista argelino, y el ejército francés se enfrentaban en una crudelísima guerra sin cuartel, Camus, tan francés como argelino, pidió a ambos bandos y en Argel, respeto y protección sin condiciones para la población. Y lo hizo con la lectura de su «Llamada a la tregua civil». Mientras leía el texto, afuera, una turba heterogénea lo injuriaba y pedía su muerte a gritos. Pero él era un hombre rebelde.

Por eso, por su rebeldía, aquella guerra y su lealtad y amor a Francia no le impidieron el cabal conocimiento de la injusticia que vivía el pueblo argelino, depauperado y humillado. De igual forma, su amor por Argelia tampoco le impidió reconocerse deudor de una lengua, de una cultura y de una sensibilidad política y social indisolublemente unidas a Francia.

Así que un año después, mientras la batalla de Argel se hallaba en su momento álgido, Camus recibió el Nobel de Literatura por «el conjunto de una obra que pone de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres de hoy». Y unos días después de la ceremonia de entrega del premio, en un diálogo con estudiantes en Upsala, alguien preguntó al escritor por su actitud ante el terrorismo del Frente de Liberación Nacional. Él respondió:

"En estos momentos están poniendo bombas en los tranvías de Argel. Mi madre puede estar en uno de esos tranvías. Si la justicia es eso, elijo a mi madre."


Con esta frase lapidaria sintetizó Camus su pensamiento: nada diría que pudiera alentar a quienes ponían bombas y mataban a civiles en nombre de la causa, que se suponía justa, de la liberación nacional de Argelia. 

En cualquier caso, aquella respuesta quedó marcada para la izquierda anticolonialista como 'la expresión del moralismo pequeñoburgués de un pied-noir'.

Sin embargo, según señala Lluís Bassets en su artículo Camus, el argelino, la Historia no ha dejado de darle la razón a Camus. En 1989, durante su combate contra todos los totalitarismos. En 2001, en su lucha contra toda forma de terrorismo. Y a lo largo de su estrecha relación con España y sus exilados, con los que quiso celebrar la concesión del Nobel y a quienes dirigió un texto célebre, "Lo que yo debo a España", al que pertenecen estas palabras: 

"La España del exilio me ha mostrado con frecuencia una gratitud desproporcionada. Los exilados españoles han combatido durante años y luego han aceptado con coraje el dolor interminable del exilio. Yo sólo he escrito que ellos tenían razón. Y sólo por eso he recibido durante años, y todavía esta tarde en las miradas que encuentro, la fiel y leal amistad española, que me ha ayudado a vivir. Esta amistad, aunque sea inmerecida, es el orgullo de mi vida".


En 1952 su compromiso con España llevó a Camus a pronunciar estas palabras contra Franco: 

“La España de Franco se filtró en el templo de la UNESCO, mientras la de Cervantes y Unamuno fue tirada a la calle. En el momento mismo en que Franco entró a la UNESCO, la UNESCO salió del concierto de la cultura universal”.







Franco impuso la anulación de las libertades políticas en Cataluña y en el resto de España, así como la prohibición del catalán en el ámbito oficial y educativo. 

Las libertades no fueron plenamente recuperadas en España hasta el 6 de diciembre de 1978 con la aprobación de la Constitución española en un referéndum en el que votaron a favor más del 90% de los catalanes.

Hoy sin embargo, son los catalanes independentistas (menos del 50%) los que imponen la anulación de derechos y libertades al resto de catalanes que no piensan como ellos conviertndolos en extranjeros en su propia tierra

Como extranjero en Barcelona debió sentirse el ciudadano catalán del vídeo anterior mientras era acosado por otros catalanes, independentistas ellos, cuando se dirigía a pié con sus hijos hacia la plaza de Cataluña para celebrar, con la bandera de su país en sus manos, el 12 de octubre de 2012, la fiesta nacional de España.

Como extranjeros en Cataluña se sentirán la mayoría de los catalanes que no voten a 'Junts pel Sí' el 27-S, cuando vean al final del vídeo cómo esos catalanes independentistas tratan a la bandera de España, el símbolo de nuestro Estado social y democrático de Derecho.







El ejemplo de Albert Camus, situando su compromiso con la libertad y la justicia por encima de intereses políticos tan enconados como los que le tocó vivir, es el espejo en el que debemos mirarnos los catalanes y el resto de españoles si queremos evitar experiencias tan dramáticas como las sufridas por el propio Camus, reflejadas en sus "Cartas a un amigo alemán" escritas desde la Francia ocupada por las tropas de Hitler a un amigo que se había convertido al nazismo. Este es un fragmento de una de ellas:  

"Quiero explicarle cómo es posible que hayamos sido tan semejantes y que seamos hoy enemigos, cómo podría haber estado a su lado y por qué ahora ha acabado todo entre nosotros. A mí, que creía pensar como usted, no se me ocurrían argumentos que oponerle, como no fuera un profundo amor a la justicia que, en definitiva, me parecía tan poco racional como la más súbita de las pasiones. Usted admitía lo bastante la injusticia de nuestra condición como para resolver acrecentarla, en tanto que a mí me parecía, por el contrario, que el hombre debe afirmar la justicia para luchar contra la injusticia eterna, crear felicidad para protestar contra el universo de la desdicha".


En conclusión, nada diré que aliente a los que quitan derechos y libertades a quienes no piensan como ellos. Pero, parafraseando a Camus en su respuesta a los estudiantes suecos, exclamaré:

¡Catalanes, elegid a vuestra madre!









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