viernes, 12 de agosto de 2016

Díez, Rivera, Prendes, González y los 'cambios sensatos'





"Lo que pasa es que las ideas que defiende esta mujer (Rosa Díez) son las que sostenía la dirección de su partido hasta antesdeayer: el pacto antiterrorista, que como decía Nicolás (Redondo Terreros), sigue vigente aunque sólo sea sobre el papel, y la Ley de Partidos. 

Que yo sepa, el PSOE no ha denunciado aquel acuerdo que comprometía a los dos grandes partidos españoles en la derrota de la estrategia terrorista, utilizando para ello todos los instrumentos del estado de derecho. Tampoco ha presentado ninguna iniciativa parlamentaria para derogar la Ley de Partidos; se conforma con lo que Max Weber llamaba la ética de la convicción, sin asumir la ética de la responsabilidad. Se conforma con descargar ésta sobre las espaldas de los jueces para que la justicia esté en cada momento al servicio de sus necesidades políticas; parafraseando a Zapatero e interpretando su pensamiento, la justicia ha de estar al servicio de la política, y no la política al servicio de la justicia. Con el Parlamento domesticado y los jueces reducidos al papel de intérpretes del Gobierno, nos habríamos cagado, con perdón, en la madre que parió al mismísimo Montesquieu."


Santiago González, el 19 de junio de 2006 en la presentación del libro "Porque tengo hijos" de Rosa Díez.







Un año más tarde, el 30 de agosto de 2007, y bajo el título 'El Puño pierde la Rosa' González publicó en su blog la carta con la que Rosa Díez informó a Zapatero de su baja en el PSOE, una carta que incluye las palabras siguientes:

"He tomado la decisión de darme de baja en el Partido Socialista Obrero Español para poder defender con más libertad y mayor eficacia las ideas que me llevaron hace más de treinta años a militar en ese partido.

Siempre he considerado que los partidos políticos han de ser instrumentos al servicio de los ciudadanos. Los partidos políticos no son propiedad de sus dirigentes; ni tan siquiera de sus afiliados. Sin los ciudadanos que confían en nosotros cuando nos dan su voto no seríamos nada. Por eso siempre he pensado que un cargo público se debe, sobre todo, a los ciudadanos a los que representa. Los partidos políticos hacen las listas, designan los candidatos. Pero los diputados, senadores o concejales los eligen los ciudadanos.

Los ciudadanos no dan a los políticos un cheque en blanco. Los ciudadanos delegan en nosotros para que defendamos aquello con lo que nos hemos comprometido al pedirles su voto. Por eso siempre he creído que por encima de la disciplina partidaria está el compromiso con los ciudadanos. Lo bueno sería no tener que elegir entre la disciplina del partido y el compromiso con los ciudadanos; pero si hay que elegir porque ambos mandatos no son compatibles, los ciudadanos son lo primero. Por eso he defendido con mis mejores argumentos las cosas que creo que hay que hacer; y he criticado aquellas que se hacían y que yo no compartía. Nunca he desacreditado personalmente a nadie; nunca he juzgado intenciones. Siempre he argumentado, con respeto pero sin tapujos, cada una de las decisiones políticas sobre las que ha creído que tenía que opinar. Los ciudadanos tienen derecho a saber lo que piensan sus representantes durante todo el tiempo, no sólo cada cuatro años cuando les llaman a votar. 

Durante mucho tiempo he creído que era posible defender mi posición, --que no es otra que aquella con la que el Partido Socialista Obrero Español se presentó a las últimas elecciones generales y la que se recoge el programa electoral y de gobierno--, desde dentro de las filas del Partido Socialista y desde mi escaño de Parlamentaria Europea. Hace ya tiempo que comprendí que en lo orgánico no había nada que hacer. Pero seguí creyendo que mantener un discurso político público podía facilitar un debate que provocara una reorientación de la política del Partido Socialista, en temas de tanta importancia como la política antiterrorista o el modelo de Estado. Nunca me han importado las dificultades, ni en estos tres últimos años ni en los anteriores. Pero he llegado a la conclusión de que tampoco por ahí hay nada que hacer. Si el discurso político no contribuye a condicionar las políticas, deja de ser práctico. Y cuando se llega a esa conclusión, quien quiera seguir comprometida con las ideas y que su trabajo sirva para algo, ha de dar un paso adelante. Eso es lo que yo hago hoy. (...)

Así pues hoy empieza para mí una nueva etapa. No voy a hacer nada diferente a lo que venía haciendo. Sólo voy a hacerlo desde otro lugar. Lo fácil siempre es no moverse. Pero circunstancias extraordinarias requieren decisiones también extraordinarias. Y yo creo que vivimos una situación extraordinaria, en la que la creciente desafección por la política termina por empobrecer las instituciones democráticas. Y eso nos obliga a reflexionar sobre la necesidad de hacer cosas nuevas, de movernos de la cómoda situación en que cada uno de nosotros podríamos encontrarnos. Bueno, pues yo ya me he movido. Ahora a ver que pasa."


Unos días más tardeGonzález realizó un ejercicio de 'memoria histórica' sobre Rosa Díez en su blog y respondió a Luis Rodríguez Aizpeolea (LRA) de la forma siguiente:

"¿Hay dos Rosas, tal como sostiene LRA? Lo más lógico es pensar que hay sólo una, cuyo comportamiento ha cambiado como consecuencia del cambio que experimentaba la realidad. Rosa Díez pasó de ir a los consejos de Gobierno de los martes en Ajuria Enea entre 1991 y 1998 a manifestarse frente a ella el 29 de marzo de 2001, con un capuchón de color naranja (el color de la indumentaria que llevan en EEUU los habitantes del corredor de la muerte). Era una iniciativa de ¡Basta Ya! entre cuyos promotores y asistentes estuvo Mario Onaindía, tan tempranamente desaparecido (1 de septiembre de 2003). 

¿Debió Mario Onaindía quedarse en aquel militante de ETA que fue condenado a muerte en el Sumarísimo 31/69?¿Le reprocharía LRA haber pertenecido al Gobierno tripartito (1991-1991) del que se excluyó al PSE para integrarse en dicho partido tres años más tarde?¿Por pasar de haberse opuesto a la Constitución a ser un espejo de constitucionalistas? (...)

Hay, por último, algo en el comportamiento de Rosa Díez que debería destacarse. Le hubiera bastado ponerse un poco en perfil egipcio para garantizarse su reelección en 2009. Probablemente no le habría hecho falta pelotear mucho a José Blanco para garantizarse su puesto de europarlamentaria cinco años más, hasta el límite de la jubilación. Nada le impedía legalmente haber seguido disfrutando del cargo los dos años de legislatura que quedaban. Su renuncia de ayer debería ser entendida como lo normal. Pero lo normal, ¿comparado con qué? A ver, por 25 pesetas la respuesta, nombres de socialistas que en los últimos años hayan renunciado a un cargo invocando un caso de conciencia. Un, dos, tres, responda otra vez…".








Bueno, pues Rosa Díez se movió y lo que pasó lo escribió diez años después de 'Porque tengo hijos' en 'Los aventureros cuerdos'. Desconozco la opinión de González sobre este libro.

Esta semana, sin embargo, he conocido una nueva opinión de González sobre Rosa Díez. En ella el periodista compara el cambio de la fundadora de UPYD (abandona un partido para no traicionar a sus votantes) con el de Ignacio Prendes, el vicepresidente primero del Congreso de los diputados (es expulsado de un partido por traicionar a sus votantes). En concreto, González afirma que Díez y Prendes son tránsfugas según el DRAE (acepción 1) porque han cambiado de ideología.

Lamentablemente, con 'el cambio de Prendes' González nos ha privado de uno de sus ejercicios de 'memoria histórica' similar al realizado con 'el cambio de Díez'. Sus razones tendráPero en contrapartida nos ha regalado una nueva opinión sobre este último: ahora dice que Rosa Díez cambió de ideología.

Respeto los cambios de opinión de todo el mundo. Sean sensatos o no. De hecho, si alguien me convence estaría dispuesto a 'adoptar como favorita' otra definición de tránsfuga distinta de la del Pacto Antitransfuguismo firmado en 2006 por PSOE, PP, IU, PNV, CiU y CC para los ayuntamientos:

"Representantes locales que, traicionando a sus compañeros de lista y/o de grupo -manteniendo estos últimos su lealtad con la formación política que los presentó en las correspondientes elecciones locales-, o apartándose individualmente o en grupo del criterio fijado por los órganos competentes de las formaciones políticas que los han presentado, o habiendo sido expulsados de éstas, pactan con otras fuerzas para cambiar o mantener la mayoría gobernante en una entidad local, o bien dificultan o hacen imposible a dicha mayoría el gobierno de esa ciudad."








Lo que no me merece ningún respeto ni me parece de buen juicio es medir situaciones distintas con 'una misma vara'. Y, especialmente, no decir la verdad. Ya sea ocultando hechos o mintiendo. 

Y precisamente eso es lo que viene haciendo González, entre otros renombrados periodistas, desde hace demasiado tiempo.

Un cambio nada sensato, en absoluto cuerdo y, ni mucho menos, aventurero.



(Inicio actualización 09/09/2016)





Quiero agradecer a José Manuel Villegas, el vicesecretario general de Ciudadanos, que haya adoptado el mismo criterio que yo para decidir quién es tránsfuga en una actuación de su partido ante la Comisión de Seguimiento del Pacto Antitransfuguismo en la que solicita que unos ediles sean declarados tránsfugas.

Así mismo, creo necesario recordarle a Villegas que tiene pendiente una actuación equivalente a la realizada con esos ediles para el caso de José Ignacio Prendes, el Vicepresidente Primero del Congreso de los Diputados.






(Fin actualización 09/09/2016)







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