miércoles, 2 de mayo de 2018

La manada de ETA

















"La moralidad es la base de las cosas y la verdad es la sustancia de toda moralidad" 

Gandhi




"En este país solo vale la comunidad. Y destacar de ella si no es con riesgo de morir es lo más despreciable que existe. Un crimen que hay que pagar. Y el precio son las críticas más bajas, el rechazo más ruin. Mientras siga reprimida, censurada, escondida... no puede haber sociedad que cambie a bien porque se está ahogando al ser humano."


Estas palabras pertenecen al diario de María Dolores González Katarain, Yoyes, (Ordizia, 14 de mayo de 1954), una de las primeras mujeres que, a primeros de los 70, se integró en ETA, organización en la que llegó a desempeñar puestos de responsabilidad de la mano de José Miguel Beñarán Ordeñana, Argala

En 1979, unos meses después de que llegaran a la dirección de ETA líderes más sectarios que Argala, Yoyes abandonó la organización terrorista tras comprobar además que 'el proceso revolucionario de liberación de Euskadi' no avanzaba y que 'ya no tenía sentido morir con un arma en las manos'. Fue un abandono totalmente discreto. Ella sabía bien que para seguir viva debía ocultar sus crecientes discrepancias políticas con ETA. 

Al año siguiente se trasladó a México. Allí estudió Sociología, carrera en la que se licenció en la Universidad Autónoma Metropolitana de Ciudad de México, trabajó en una revista de Naciones Unidas y tuvo un hijo: Akaitz.









En octubre de 1985 regresó a Euskadi acogiéndose a la amnistía que el gobierno de Adolfo Suárez había promulgado en 1977 para presos sin delitos de sangre. No obstante, para el gobierno de Felipe González, Yoyes era una etarra reinsertada y para ETA, una traidora y una chivata. Ella, se puede leer en 'Yoyes desde su ventana', solo quería volver a empezar: 

"Entre pausa y pausa se recordará a sí misma, en tono interrogativo, la frase de Tina Modotti: «¿Cuántas veces se puede empezar a vivir la vida?»"


Por eso, cuando a su vuelta de México fijó en San Sebastián su residencia familiar, con Akaitz y su padre, Juan José Dorronsoro, Yoyes siguió sin hacer declaraciones públicas. También por eso utilizó su diario para liberar sentimientos y pensamientos como estos:

"Pisar esta tierra, pisar la tierra en que nací, lo he soñado tanto durante años y ahora estoy aquí, este es mi pueblo, mi país, y se ha armado tal revuelo; es como si un volcán o un terremoto hubiera levantado y removido montones de capas. (...) 

En este país solo vale la comunidad. Y destacar de ella si no es con riesgo de morir es lo más despreciable que existe. Un crimen que hay que pagar. Y el precio son las críticas más bajas, el rechazo más ruin. Mientras siga reprimida, censurada, escondida... no puede haber sociedad que cambie a bien porque se está ahogando al ser humano. (...) 

El mito de ETA, la hidra sangrienta que nos atenaza: En este mito, la persona de carne y hueso que es un sustrato, no existe más que como tal sustrato, no es humana. (...)

Muchos son culpables de esta injusticia, ¡demasiados! Hay otros que no pero son impotentes ante ella. Hay también mucho silencio cómplice. Mucho miedo en la gente ante todo, ante su propia libertad... ¡cuánta mierda! (...) 

Akaitz y Juanjo rondan sin cesar en mi cabeza. La mierda que flota en mi país, también huele. Quisiera salir corriendo, ¿pero adónde?"

 







Un año después de su regreso el revuelo que provocó su vuelta se había acrecentado especialmente desde que Cambio 16 le dedicara una portada y un artículo: "El retorno de la etarra. Las claves secretas de la reinserción". A ello se añadió que la nueva cúpula de ETA, pese a que el nuevo líder era también de Ordizia, no quiso seguir dejándola en paz.

Aunque puede que lo único que hiciera 'Pakito' fuera, simple y llanamente, dar orden de ejecutar 'la decisión de las batzarras', la sentencia de los juicios asamblearios de ETA sobre el regreso de Yoyes. Así lo señala el periodista Florencio Domínguez en su libro "Dentro de ETA": 

"Su vuelta ocasionó una notable conmoción interna en el seno de ETA, de forma especial en el colectivo de presos que celebraron asambleas para estudiar el caso y acordaron el asesinato de su excompañera. Uno de los que intervino en el asesinato de la etarra, José Miguel Latasa Getaria, miembro del comando Goierri en 1986 y expulsado en 1994, explicaba que fue en las asambleas de las cárceles donde se acordó el asesinato: «En esas batzarras se decidió, y se decidió fuertemente, la muerte de Yoyes.»"


El 10 de septiembre de 1986 era miércoles, día grande de las fiestas de Ordizia. Yoyes se fue a su pueblo con su hijo. Había montado a Akaitz, que por entonces tenía tres años, en un tractor que se mostraba en un puesto de maquinaria agrícola ubicado en la plaza que hay al final de la Gudari Etorbidea (Avenida del Soldado) cuando José Antonio López Ruiz, Kubati, se le acercó y le preguntó:

-¿Tú eres Yoyes?

-Sí.

-¿Sabes quién soy yo?

-No.

-Soy un miembro de ETA y vengo a ejecutarte.


Yoyes se abalanzó sobre él pero no pudo evitar recibir dos disparos, uno en el muslo y otro en el tórax. Se desplomó. Con ella en el suelo, Kubati realizó un tercer disparo, esta vez mortal, en la cabeza.

Días después ETA publicó en un comunicado 'la sentencia de Yoyes'

"Colaboradora en los planes represivos del Estado opresor español y traidora del proceso de liberación que el pueblo trabajador vasco lleva a cabo."








Eso es lo que dijo Arnaldo Otegi la semana pasada en un tuit sobre la sentencia de 'la manada' publicada tras el juicio que se realizó en la Audiencia Provincial de Navarra a los cinco presuntos autores de la violación grupal de una chica de 18 años durante los sanfermines de 2016. 

Desconozco si Otegi dijo algo, alguna vez, en público, sobre 'la sentencia de Yoyes'. Lo que sí sé es que coincidió con su asesino en una manifestación en Bilbao. Así es. Hace dos años caminaron juntos bajo el lema 'Amnistiaren bidean, preso eta iheslariak etxera' (En el camino de la amnistía, los presos y refugiados a casa). Él no hizo declaraciones en la manifestación mientras que Kubati, antes de su inicio, afirmó:

"Necesitamos sacar a los presos y traer a los refugiados. Hasta que eso no se cumpla la reconciliación va a ser difícil porque no vamos a poder estar todos en casa." 



Al final se leyeron cartas de Ana Belén Egües, Asier Ormazabal y Josetxo Arizkuren, Kantauri, tres presos de ETA. La de Kantauri decía esto:

"Reforzando nuestro carácter político, debemos explorar las posibilidades de espacios de legalidad por los que hasta ahora no se ha transitado. Sólo habrá dos lineas rojas que no traspasaremos: el arrepentimiento y la delación."








Hay otra cosa que también  de Otegi: respeta las palabras y las decisiones de ETA. Así lo reconoció en ese tuit publicado horas después de esa manifestación en la que se pidió la amnistía para los presos de ETA

En efecto, Otegi respeta las decisiones de ETA: impunidad para los 379 asesinatos sin resolver, no colaboración con la Justicia para resolverlos y no arrepentimiento de su historia de terror. 

En definitiva, Otegi respeta la historia de ETA. Una historia de la que son parte inseparable las 'ejecuciones' de 60 mujeres de diferentes edades, condiciones y lugares cuyas vidas fueron declaradas incompatibles con 'el proceso de liberación que el pueblo trabajador vasco lleva a cabo'









No me gustan las manadas. Ninguna. Son la antítesis del progreso social. 

En Social Progress Imperative entienden el progreso social como "la capacidad de una sociedad de satisfacer las necesidades humanas fundamentales de sus ciudadanos, de establecer cimientos que permitan mejorar y mantener la calidad de vida de sus ciudadanos y comunidades, y de crear las condiciones para que todos los individuos alcancen su pleno potencial". Para poder cuantificar el progreso social esta organización creó el Índice de Progreso Social que mide el éxito de los países más allá de indicadores económicos como el PIB per cápita. Pues bien, en la Clasificación general del Índice de Progreso Social 2017 España está en la posición nº 16, en los países de 'progreso social alto', por delante de Japón, Estados Unidos y Francia.

Sin embargo, hay quienes se dicen 'progresistas' pero respetan a las manadas totalitarias que quieren destruir la democracia con la que, 42 años después de la muerte de Franco, hemos conseguido el alto nivel de progreso social del que disfrutamos. Y lo que es más grave y peligroso, hay miembros de la élite política, mediática, cultural, intelectual... que también adecuan sus posiciones a las de la gran manada: la masa. Es lo que ha sucedido con la sentencia de 'la manada'.

Dicho de otra manera, en España el 'progresismo oficial' y una parte de la élite caminan en dirección contraria al verdadero progreso democrático, tal y como Gustave Le Bon, psicólogo social francés de principios del siglo pasado, lo define:

"El verdadero progreso democrático no consiste en rebajar a la élite al nivel de las masas, sino en elevar el nivel de las masas al de la élite."









Comparto la sana y sincera indignación que la publicación de 'la sentencia de la manada' ha producido en tantas personas de toda España. Entiendo, especialmente en las mujeres, la rabia que ha generado. Pero, sin entrar a analizar la sentencia, lo que considero inaceptable, por grave y peligroso, es que en un momento crucial en el que nuestras instituciones democráticas se encuentran acosadas por totalitarios de diferentes ideologías pero con un mismo objetivo (destruir el Estado de derecho), líderes políticos, periodistas, intelectuales y hasta el ministro de Justicia del gobierno de España, se unan a Otegi en la deslegitimación de la sentencia y de la Justicia.

Porque cuando Otegi calla acerca de la ejecución de 'la sentencia de ETA a Yoyes' pero envía un abrazo a esa chica violada en los sanfermines tras una sentencia no definitiva, actúa como un totalitario para quien el terror es la realización de 'la ley de la manada' y la destrucción de las instituciones democráticas, su fin

Porque los totalitarios "piensan que todo es posible si uno sabe organizar las masas para lograr ese fin", tal y como Hannah Arendt explicó en "Los orígenes del totalitarismo". Y como también dijo Arendt, usan la propaganda para convencer a las masas pero no con hechos, ni siquiera con hechos inventados, sino con la consistencia de esa comunidad, esa manada de la que son presumiblemente parte. Y utilizan el miedo para mantenerla unida y en pie de guerra, para atraer a más gente y hacerla más grande, más poderosa.

Porque el miedo si no es derrotado no se disuelve, solo se esconde, como la manada de ETA.
























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