21 septiembre 2017

Dos historias de amistad y baloncesto


















Amo este juego. No encuentro mejor forma de expresar lo que siento por el baloncesto que el famoso lema de la NBA, la liga de baloncesto profesional que se disputa en Estados Unidos desde 1946.

Recuerdo muy bien cómo empezó todo. Tenía 8 años aquel octubre de 1970. Primer curso de Salesianos Cartagena. Mis compañeros y yo estrenábamos colegio y unas instalaciones deportivas más que decentes para la época y el lugar. Al principio sólo había balones de fútbol. Jugaba de defensa sin mucho entusiasmo. Era el más alto de la clase. Un día apareció un balón de baloncesto. Creo que nunca habíamos visto ninguno. Nadie le hizo caso. Lo cogí y me fui a las canastas de minibasket. Me gustó.

Casi siempre jugaba solo. De hecho, aprendí mirando 'en blanco y negro' al Real Madrid de los Cabrera, Corbalán, Bravender, Luyk... Empecé a jugar de alero (ahora se dice 'de 3') en el equipo del colegio. Después en el Instituto, en categoría regional... En fin, me divertí e hice amigos.

Amo el baloncesto porque es una combinación perfecta de fuerza, habilidad, velocidad, inteligencia y trabajo en equipo. Sin embargo, lo que más me atrae de este maravilloso deporte es el tipo de relaciones que se crean entre los miembros de un buen equipo. Los que han jugado algunos años creo que saben a qué me refiero. Para el resto intentaré explicarme. 

En un equipo de baloncesto hay 12 jugadores como máximo. Cinco forman el quinteto inicial y los otros siete son los suplentes. Esta norma obliga a que 12 personas, cada uno de su padre y de su madre, interaccionen muy estrechamente durante dos o tres horas en cada uno de los tres o cuatro entrenamientos semanales y cada partido de fin de semana a lo largo de varias temporadas. Evidentemente, por muy buenos jugadores que tenga un equipo, o se llevan bien y se acoplan o nunca llegarán a ser un buen equipo. Pero cuando eso sucede, cuando hay un buen grupo de buenos jugadores con 'buen rollo' entre ellos, los egos son más fácilmente controlables y se generan unas relaciones de complicidad muy especiales que, en muchos casos, acaban en verdaderas relaciones de amistad.






El baloncesto nació en Estados Unidos y es allí donde están los mejores equipos del mundo. Pero desde los 80 los americanos tienen en Europa una competencia muy seria. Los primeros europeos que amenazaron la hegemonía de los americanos de la NBA en el baloncesto mundial jugaban en el equipo nacional de la Yugoslavia de Petrovic y Divac.

El vídeo anterior incluye un gran documental sobre la historia de amistad y baloncesto entre Vlade Divac y Dražen Petrović. Fue una amistad truncada por la guerra en la antigua Yugoslavia. Divac intentó retomarla pero la muerte de Petrović a los 28 años en accidente de tráfico lo impidió definitivamente.






Los europeos que actualmente amenazan la hegemonía de los americanos de la NBA en el baloncesto mundial juegan en el equipo nacional de la España de Pau Gasol. 

El vídeo anterior muestra un documental con la trayectoria de este legendario equipo hasta 2014. No incluye, por tanto, la medalla de oro en el Eurobasket de 2015 ni la emocionante despedida de la semana pasada a su capitán, Juan Carlos Navarro, con una merecida medalla de bronce en este Eurobasket.  

Son tantas y tan grandes las alegrías que me ha dado este equipo desde aquel inolvidable campeonato mundial en Japón que no podía dejar de agradecerlas de corazón. Y he querido hacerlo recordando estas dos historias de amistad y baloncesto de dos legendarios equipos pertenecientes a dos países con sus similitudes y sus diferencias. Y he querido agradecerlo, sobre todo, expresando mi profundo deseo de que, a pesar de la actual situación política en España, una de las diferencias entre ambas historias sea el final. 





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