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30 septiembre 2014

Nos están cociendo



¿Conoce el cuento de Olivier Clerc "La rana que no sabía que la estaban cociendo"?








Como puede comprobar en el vídeo, narra la breve historia de una rana metida en un caldero que, debido a la lenta subida de la temperatura del agua, no percibe que la están cociendo. 

Este relato es utilizado por el autor para advertirnos de que, poco a poco y sin que nos demos cuenta, se van produciendo en nuestra sociedad una serie de cambios (políticos, económicos, sociales, de valores...) que no aceptaríamos si se produjeran bruscamente. 

Pero además en una sociedad como la nuestra en la que todos estamos cada vez más observados, controlados y vigilados, estos cambios provocan en las personas comportamientos muy generalizados de autocensura para mantener la discreción, no destacar y formar parte de la nueva "normalidad".

Así que, poco a poco, los resistentes contra estos cambios, los inconformistas con "los nuevos valores" y los disidentes de la nueva sociedad "normalizada" van desapareciendo.

De esta forma, lenta pero inexorablemente, la sociedad se va haciendo cada vez menos diversa, democrática y avanzada, y al mismo tiempo, más uniforme, infantil, intolerante y retrógrada.











Esta lenta involución se puede observar claramente desde hace más de 20 años en territorios como Cataluña y Euskadi en los que la ideología dominante es el nacionalismo. Allí se pueden encontrar independentistas catalanes nacidos en Melilla como Sebas (ver vídeo anterior) o víctimas de ETA como Gorka Landáburu que piden la libertad de Arnaldo Otegi, el exportavoz de Batasuna y Secretario General de Sortu, preso en la cárcel de Logroño tras ser condenado por colaborar con ETA.














Pero ese "virus" ya se ha contagiado al resto de España y las más altas instituciones del Estado toman decisiones impensables hace diez años en un continuo "in cresccendo" que parece no tener fin.














10/11/2014 Carlos Herrera, el director de Herrera en la Onda, tras celebrarse en Cataluña la consulta ilegal del 9N permitida por el Gobierno de España pese a que el presidente Rajoy había venido asegurando desde hace un año que ni la consulta se iba a celebrar ni se iba a negociar la soberanía nacional y la unidad de España, después de confirmarse la existencia de negociaciones entre enviados del PP, PSOE y CiU, manifiesta lo siguiente 

"Hay que buscar salidas políticas"







Por tanto, parece evidente que la traición de altas instituciones del Estado al pueblo español no sería efectiva sin el perverso comportamiento de insignes periodistas y líderes de opinión que, en lugar de cumplir con su sagrado deber de informar, intentan mantenerse en la élite de la nueva "normalidad" y, encerrados en sus búnkers mediáticos, siguen aparentando profesionalidad mientras se autocensuran y manipulan la información colaborando así eficazmente en la consecución del principal objetivo del establishment para este "nuevo tiempo" que se nos echa encima: una sociedad con más súbditos enfrentados por lo que nos separa y con menos ciudadanos trabajando por lo que nos une. 

En resumen, nos están cociendo. 







20 abril 2013

El bambú japonés





 














No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego.
 

También es obvio que quien cultiva la tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada y grita con todas sus fuerzas: "¡Crece, maldita seas!"...

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo trasforma en no apto para impacientes: Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. Sin embargo, durante el séptimo año, en sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡más de 30 metros!

¿Tardó sólo seis semanas en crecer? No, la verdad es que necesitó siete años y seis semanas para desarrollarse. Durante los primeros siete años, este bambú estaba generando un sistema de raíces que le permitiría sostener el crecimiento posterior.

En la vida cotidiana muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas y triunfos apresurados sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo. Así, demasiadas veces
se colman de impaciencia y abandonan, incluso cuando estaban a punto de alcanzar la meta.

En esos momentos de debilidad deberían recordar el ciclo de crecimiento del bambú para aceptar, perseverar y esperar. Porque quienes no se dan por vencidos adquieren los hábitos y el temple que les permitirá mantener el éxito cuando éste al fin se materialice.

El triunfo lleva tiempo y dedicación, exige adquirir algunos hábitos y obliga a desechar otros. Sin embargo, muchas veces
actuamos con urgencias innecesarias, perdemos la fe cuando no obtenemos resultados rápidos y nos dejamos atrapar por la ansiedad, por el estrés… ¿Para qué?

Practiquemos
la aceptación, la perseverancia y la espera. Y si no conseguimos pronto lo que deseamos, no desesperemos…
 
...quizá solo estemos echando raíces...